martes, 18 de junio de 2013

Sam

Empieza un nuevo día en el orfanato. Idéntico a ayer. Idéntico a cualquiera del mes pasado. Idéntico a cualquiera de los últimos 10 años de mi vida. Hoy, en concreto, es sábado. Genial. Un día en el que no puedo hacer mucho.
Con un suspiro, me quito el pijama y me pongo unos vaqueros y una camiseta. Me miro al espejo. El pelo castaño me llega hasta los omoplatos. Unos ojos castaños me observan a través del espejo. Como si esa no fuera yo. Miro la camiseta. "Don't worry, be happy", eh?
Un nuevo suspiro sale de mi boca. Me peino un poco con las manos y bajo a desayunar. Evito cruzar la mirada con la chica apoyada en una puerta, la cual sí que me observa atentamente, incluso con un poco de burla.
- Eh, Kairi,¿ vas a hablar con tu amigo imaginario?- dice, seguido de una risa. Mi mirada se ensombrece y no la hago caso. Además, camino algo más rápido. Alguien me agarra con suavidad del brazo.
- ¿Ya te ha dicho algo Lena, a que sí?
Miro a la rubia de ojos preocupados que está a mi lado. Se llama Samantha (aunque todos la llamamos Sam), y creo que es la única amiga que he llegado a tener aquí.
- Lo de siempre, no te preocupes. Pero el día en que se me acabe la paciencia le voy a regalar una carita nueva...- añado por lo bajo.
- Y yo me uniré a ti, a ver si se le quita la tontería.
Eso hace que se me escape una sonrisa. Así es Sam. Además, es la única que me cree. Porque desde niña tengo el hábito de salir al patio y hablar.Pero no con ella, ni con otro del orfanato. Sino con él, con mi chico de fuego. Porque en el fondo de mi corazón sé que puede oírme. Y yo puedo oírle a él. No siempre, pero, si me quedo en silencio, escucho las voces que el viento me trae.
Todos me toman por loca, menos Sam. Ella está convencida que puedo escuchar esas voces.
Entablamos una conversación trivial y, así, bajamos a desayunar.

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